Calles para un pez luna

Publicado por Visor, en Madrid, en 2002. Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid.

Edición digital en Musa a las 9

Algunos poemas:


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carta flotante nº 1

Gotas lentas, sordas lentas,

quietas gotas, golpes raros

de tu nombre en mi tejado.

Tu mirada en cada esquina.

Un arder de callejones

es mi cama. Raros golpes.

Quietas gotas en mi boca,

gotas lentas. Si te llamo

una trampa es el pasado.

La mirada es sorda y lenta.

Cuánto fuiste. Te he perdido.

Yo soy mi peor castigo.

 

 

Anémona

Aquí entre las horas peces

salpican segundos

de escamas de mano en mano

como trampas

tras trabas trabajos

como trampas

vivos

vamos.

Vi

calabozos diluidos

idos

locos

aquí entre las horas peces.

 

 

Descifra y entrega un reloj que la Princesa deseaba

Mira el reloj azul. Tiene la esfera

de una huella lejana de la luna

en el mar.

O en tus ojos.

Ojos de lago oscuro

sobre el que cruzan lentas nubes, rostros

del pasado, y el viento.

Ojos, que en la ternura de aquel cristal que vibra,

reflejan la canción del segundero.

Ojos frágiles

donde giran las constelaciones eternas.

Mírame. Nunca más tendremos para

nosotros otro tiempo como éste:

después seremos otros,

seremos esos dos que nos recuerdan,

seremos esos dos que ya nos temen,

nos quieren muertos

y aún nos necesitan.

Mira el reloj azul. Tienen tus ojos

las gargantas profundas de la tierra,

abismo en movimiento, magma y fiebre.

Quiero quemar mi muerte en tus arterias.

Quiero que sea eterno el mecanismo.

Escucha ese tic-tac. Mírame siempre.

 

 

En la tumba de Arthur Gordon Pym

Junta dedos y manos.

Nada de lo que ves es cierto.

Ni aquella catarata blanca

que cae del cielo.

Ni esa mirada negra

que respira del mar.

Junta dedos y manos.

Ni tu antebrazo es cierto.

No lo son ni tus hombros ni tu pecho.

Ni el rostro de tu cuerpo es cierto.

Junta dedos y manos.

Sólo ellos son reales

a punto de caer sobre el vacío.

 

 

El tren fantasma

A mi lado en el tren, un asiento vacío.

Llevo un vestido tuyo.

Le pongo tu cabeza. Lo relleno

de periódicos tristes.

Y lo siento a mi lado con peluca.

Eres este muñeco.

Eres tu peor parte

para los pasajeros.

Te miro, te reprendo.

Vuelves los ojos

y los pones en blanco.

Y explota la cabeza que te puse

por fin.

Deja un comentario