Las botas de siete leguas y otras maneras de morir

Colección de relatos publicada por Suma de Letras, Madrid, 2002.

“Sus narraciones insinúan argumentos leves, se apoyan en la elaboración poética de una prosa formada por oraciones sintácticas cortas y buscan el arte de sugerir como meta última. Por eso estos textos parecen un desarrollo práctico del programa estético anunciado por la cita de cabecera tomada de Guimarães Rosa: “¿Sabe usted lo que es el silencio? Es uno mismo, demasiado”. En tal cometido realismo y fantasía se combinan en historias entreveradas de vida y literatura en las cuales lo primordial está en la indagación interior de sus criaturas, en sus pasiones y angustias, que son las de siempre pero en el mundo de hoy.”

Ángel Basanta, El Cultural.

Tiene edición en rumano: Ciubotele de şapte leghe şi alte moduri de a muri
Editura Paralela 45, 2004.

Primer relato de la colección:

Ars morandi

¿Un bodegón es un autorretrato? Hubo un pintor que no demostró otra cosa. Nada sabemos de su vida cotidiana, salvo que había fundado en ella una intransferible soledad y que esta duró siempre, suponiendo lícito el significado de este adverbio. Cuando era joven, pintó estilizadas botellas que iluminó con colores brillantes. Apuntaban una lejanía de catedrales góticas. Como ellas, los trazos alargados encubrían una posible estructura de ángel. Conforme envejecía, pintó botellas cada vez más romas y bajas que agrupaba sin dejar resquicios entre ellas. A veces las acompañó de pequeños vasos y de cajas impenetrables. Los colores se iban apagando. Imaginemos un vaso de vidrio azul, iluminado por el sol, al que luego cubre una nube. Imaginemos que finalmente reposa en el fondo de un río.

Un día, después de preparar el lienzo, el pintor se sorprende a sí mismo dibujando una cara. Trabaja hasta que escapa la tarde y, una vez terminado el cuadro, siente la necesidad de destruirlo. Le irritan, como ante un espejo, el cansancio que explica aquellos rasgos, los trazos tristes que definen aquellos ojos. Entonces escucha a sus espaldas el ruido inconfundible de un vidrio que se rompe en mil pedazos. Piensa que, por razones que desconoce, se ha caído de la estantería alguna de las botellas que ha acumulado, para que fueran sus modelos, a lo largo de los años. El proceso entero apenas dura un segundo. Se da la vuelta y contempla el suelo. Está limpio de cristales. Vuelve a mirar el cuadro. En él están los añicos de una botella azul, sobre la imagen del suelo.

Un pensamiento en “Las botas de siete leguas y otras maneras de morir

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