Estancia

Cuando los árboles se mueven en la ciudad

y vibran sus hojas en un golpe de viento,

avisando del río viejo que corre debajo del asfalto en la ribera,

todo el universo canta,

silba que sigue aquí,

que las calles paseadas también le pertenecen,

son nuestras, dicen las hojas manchadas de humo;

dice la noche eléctrica,

que es la noche de savia,

son vuestras:

dormidos insomnes,

meteoros

de la calzada,

cuerpo tras el cristal;

las ramas avisan,

vuelan sin despegar,

susurran la multitud estelar que nos envuelve,

sangre en el tronco, cemento en la casa,

granito en la acera.

La existencia se roza con canciones de cada materia,

sombras del confín,

que nos hacen,

desde dentro,

presencia siempre.

(Poema publicado en la antología Todo es poesía en Granada: http://www.esdrujula.es/libro/todo-es-poesia-en-granada-panorama-poetico-2000-2015)

Siete caminos para Beatriz

siertecaminosweb

 

Después de siete años desde que escribí los primeros poemas de este libro, se ha publicado Siete caminos para Beatriz. 

 http://www.elcultural.es/revista/letras/Siete-caminos-para-Beatriz/35328

http://www.criticoestado.es/el-amor-que-mueve-el-sol-naciente-y-las-estrellas/#more-3548

http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/5664598/perez-zuniga-reescribe-la-beatriz-de-dante#.U2Z1DV45ZnI

http://laslecturasdeguillermo.wordpress.com/2014/03/12/siete-caminos-para-beatriz-de-ernesto-perez-zuniga/

http://elcorreoweb.es/2014/02/25/ernesto-perez-zuniga-baja-a-su-infierno-intimo-y-regresa/

http://www.eldiario.es/politica/Divina-Comedia-inspiracion-Perez-Zuniga_0_232727279.html

http://www.diariodecadiz.es/article/ocio/1717239/perez/zuniga/presenta/una/vision/actualizada/clasico/dante.html

http://www.elcultural.es/noticias/BUENOS_DIAS/5970/Ernesto_Perez_Zuniga

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-estacion-azul/estacion-azul-ricardo-menendez-salmon-01-03-14/2418520/

http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-20-02-14/2408430/ 

I

Nel mezzo del cammin di nostra vita

muy dentro del estómago más dentro

en selva de neones

callejón de febrero

tu nombre en las paredes

tu nombre en los andenes

 

Soñando un vaso

un felino ha saltado en la botella

Picando hielo

he encontrado la puerta del infierno

 

Ya no voy a saber lo que me pasa

y no voy a saber cómo cruzarlo

el puente de la furia el cancerbero

 

Las botas militares

en el embarcadero

Hay alas afiladas

cruzando por los sueños

 

Ya no voy a saber lo que me pasa

Sobre el fondo del agua va tu voz

En el final del puente va la nada

 

Nel mezzo del cammin di nostra vita

muy dentro del estómago más lejos

en selva de relojes

callejón de febrero

tu nombre en las paredes

tu nombre en los andenes

 

 

II

 

Contra la noche contra la noche

un relámpago

en selva telarañas el camino

figura de Beatriz intermitente

bajo lámparas de neón estropeadas

telarañas en selvas el camino

un relámpago

contra la noche

Beatriz

contra la noche

 

Aúllan lobos que me guardan

brilla negra una piel en la espesura

los bares han volcado sus banquetas

y el serrín

que se apelmaza bajo el malabar

del barman

recoge

mis huellas

 

Ésta es la senda

ésta es la senda

contra la noche.

 

Contra la noche me hallé dando la espalda

al ángel que descansa en el interior de los timbres

a la lentitud de las sábanas

a la transformación de las esponjas

y necesité abandonar mi herencia

vagar por la cabeza del Diablo entre desiertas torres de marfil

 

Ésta es la selva ésta es la senda

contra la noche

 

Contra la noche sueño con tu rastro

aparto telarañas de las grutas

y rompo

escondidos los remansos

que reflejan tus ojos

 

Contra la noche vuelvo la mirada

hacia los barrios donde golpean los martillos

y saltan parabrisas

un coche bomba busca más lentamente aparcamiento

bidones de basura

arden

Hace tiempo que rebasé la entrada

 

Contra la noche avanzas tan deprisa

que siempre por tocar tu rostro

a solo una niebla de mí

a solo tinieblas de mí

contra la noche pasas tan deprisa

que siempre que extiendo mi mano

te mueves en la luz de los neones

y en el fondo de cada pensamiento

tiembla una figura entre las ramas

 

Contra la noche ven me dices

ésta es la selva dices

ésta es la senda dices

hace tiempo que rebasé la entrada

 

 

IV

 

Yo te escribo, Beatriz, cartas oscuras

silencios electrónicos

disparos de la noche que iluminan el bosque

perros de cacería

 

y tú entre géiseres

arbolados

cierva blanca

venteando el peligro que viejos condenados

avisan en sus potros de tortura

cierva blanca

que salta por el fuego

cuando un demonio quiere acariciarte

otro inmovilizarte con su garra lunar

o guardarte en su anillo.

 

Yo te escribo, Beatriz, cartas oscuras

en el visor de mis prismáticos

mientras desciendo círculos del valle

en el cráter de la isla de los muertos

allá arriba radiantes cordilleras que llaman Purgatorio

donde dicen que aludes de nieve te sepultan

y hacen pensar

 

la cierva blanca

tus pasos en las rocas rojas

me hacen pensar

mi cierva blanca

si un géiser del infierno te detiene

compruebas que te sigo como puedo

y sigues avanzando.

 

 

VII

 

En el paraíso

te voy a perder.

Miro los jardines,

rosales de estrellas,

te voy a perder.

Los dos de la mano

durante el desierto,

ciudad luminosa,

neones de fiesta,

te voy a perder.

Botellas de whisky,

ángeles desnudos.

Sobre los cristales

de la gran berlina

se reflejan rostros

tan maravillados.

Quisiera llevarte

al hotel dormido

lejos de las vírgenes

y las mansas fieras.

Tigres de Bengala

deleitan el tráfico.

Pasean jirafas

dentro del casino.

Quisiera llevarte,

callejón secreto.

Huyamos muy quietos

de este paraíso.

La noche se funde,

los taxis te llaman,

rosales de estrellas,

rosales de estrellas.

Y haberte logrado,

en el paraíso

te voy a perder.

Antes de la casa,

callejón secreto.

Sueños de frontera

suben los coyotes.

Quisiera abrazarte

en el purgatorio.

Prefiero seguirte

por todo el infierno.

Los dioses te buscan

y me dejan solo.

Se detuvo un coche.

“Es la gran berlina”.

Te abren la puerta

y me dejan solo.

En el paraíso

te voy a perder.

30 de marzo, por ejemplo

Hace unos años, en un día similar a hoy, escribí este poema que luego se publicó en Cuadernos del hábito oscuro:

 

30 de marzo, por ejemplo

Te levantas sin más, tranquilamente, un domingo de marzo con cambio de hora,
mira el cielo: llueve,
pones agua y pan a calentar, y la habitación se llena de olores y del recuerdo de algunos muertos: un gesto, una costumbre, los alimentos que ellos preferían para el desayuno de las mañanas de domingo,
justo ese recuerdo
cuando muerdes el pan ya caliente, cuando intentas beber el líquido ardiendo, y puedes sentir todavía “lo caliente”, y te permites el lujo de maldecir “lo ardiendo”.
Los alimentos se adentran por tu cuerpo, los digieres, como los muertos hacían hace tan sólo unas semanas o unos años,
lo mismo da,
y tú te sigues preguntando: ¿qué haré esta mañana de domingo?